La crisis entre el “gobierno” y el “campo” que vivimos los últimos meses es una lucha entre dos sectores capitalistas. Como sostiene la declaración de la “tercera posición”, firmada por más de 500 intelectuales, periodistas, artistas y trabajadores y a la que adherimos quienes impulsamos “La Comuna”, con el aumento de las retenciones “el gobierno no pretende recaudar fondos adicionales para aumentar jubilaciones, salarios de los trabajadores estatales o los presupuestos de salud y educación, sino contar con recursos para garantizar el pago de la deuda externa, los subsidios a los empresarios amigos y fondos para favorecer la alianza de intendentes y gobernadores. Por su parte, el lockout de las patronales agrarias, donde los intereses de los grandes propietarios y productores agrupados en la Sociedad Rural pretenden ser camuflados bajo los propietarios de menor peso agrupados en la Federación Agraria, expresan la mera búsqueda de una mayor rentabilidad”.
Por eso los trabajadores necesitamos organizarnos para pelear por nuestros propios intereses, como empiezan a hacerlo en la zona norte los compañeros de Fate, del gremio de la Alimentación o los choferes de la línea 60. O como mostró la heroica lucha de los trabajadores de la textil Mafissa, que resistieron durante meses a la patronal que despidió a 100 trabajadores, tomando la fábrica hasta que la policía la desalojó con 500 efectivos, tras diez horas de resistencia.
A pesar de esto, los trabajadores no logramos tener una voz propia en este conflicto. La burocracia sindical de la CGT y la CTA apoyó a uno u otro de los sectores capitalistas. Lamentablemente, un sector de la izquierda también apoyó el reclamo de la patronal agraria.
Cuando los de arriba se pelean por el reparto de la renta, lo hacen en contra de los intereses populares. Por eso, siempre terminamos siendo los trabajadores los que pagamos los platos rotos, con inflación y bajos salarios pactados por las direcciones sindicales. Y cuando salimos a luchar, las patronales y el gobierno no dudan en unirse y golpearnos con despidos y represión, como en el Casino, en Mafissa o en Sintermetal de Campana; o como hizo el gobierno con los piqueteros en Plaza de Mayo, reprimiendo a más de 20 organizaciones de desocupados, que cobran miserables 150 pesos.
Quienes impulsamos “La Comuna”, queremos ayudar a que estos procesos de lucha y organización obrera se multipliquen y se extiendan. Por eso ponemos en pie este Centro Cultural, en una región como Campana, poblada de trabajadores e industrias, que cobija una inmensa tradición de lucha y combatividad.
Somos conscientes que para esto es necesario enfrentar el enorme poder de las empresas como Techint, que muestran su cara de “benefactores de la comunidad”, pero esconden su verdadero rostro: el de la explotación obrera, la destrucción despiadada del ambiente y el encubrimiento del genocidio, como lo hicieron ocupando el ex Tiro Federal y destruyendo valiosas pruebas que probaban la existencia de un centro clandestino de detencion en ese predio durante la ultima dictadura.
Desde “La Comuna” nos proponemos el desafío de ayudar a la organización de los trabajadores y la juventud para luchar contra un sistema que nos quita lo que tenemos de humano para transformarnos en animales, recuperando las tradiciones más heroicas de la clase trabajadora de la zona, las que en los ‘60 y los ‘70 dieron a luz a toda una generación de trabajadores, jóvenes e intelectuales comprometidos con la lucha por transformar la sociedad.









